Raíces y Alas (I)

Un montón de ideas se agolpan en mi lista de “cosas para el blog”, pero ha sido una de las entradas de los amigos de Thought In Euskadi la que me ha animado a abordar este asunto sobre de dónde venimos y su influencia en hacia dónde vamos.

Desde muy pequeño siempre había albergado la ilusión de ser ciudadano del mundo, alguien sin ataduras ni de visado ni de pasaporte que no se identificara con nada ni con nadie… o con todo el mundo al mismo tiempo. “Arlote” me enseñó, sin proponérselo y sin anestesia ni nada que aquello, lejos de ser imposible, también podría llegar a ser dañino.

Hace ya muchas lunas, en mi primera visita a Costa Rica, conocí a “Arlote”. Nombre de un personaje ficticio de un libro de “susedidos bilbainos” de principios del siglo XX y que utilizo habitualmente para mantener el anonimato de los personajes reales que se esconden en mis cuentos. Arlote era un gernikarra de pro que tuvo que poner los pies en polvorosa y abandonar la noble y leal villa que le vio nacer a mediados de los años 60. Trayecto directo Gernika-Ciudad de México, donde fue recibido, como era habitual en la época, por un conocido del pueblo que le había antecedido en su camino. Este último le había prometido un buen puesto en la fábrica de su propiedad… pero a cambio albergaba la secreta esperanza de desposarlo con su hija. Arlote, cuando se percató de las verdaderas intenciones de su “protector”, y dado que no estaba dispuesto a satisfacerlas…, volvió a echarse la mochila a la espalda, pero esta vez sin destino fijo. Múltiples fueron los lugares y ocupaciones que llegó a desempeñar a lo largo y estrecho de Centro América. Puede que una de las más pintorescas fuera la de vendedor de bolígrafos en El Salvador… hasta que un amigo le recomendó recalar en Costa Rica, la cenicienta de América Central. Allá encaminó sus pasos el bueno de Arlote y encontró en San José un buen lugar donde recalar. Consiguió convalidar su título de Licenciado en Derecho y también convertirse en notario, se casó y tuvo dos hijos. Cuando yo le conocí, llevaba ya la friolera de 30 años afincado en San José… A pesar de ello, nunca había conseguido integrarse en la sociedad “tica” y no pasaba un solo día de su existencia en el que no añorara su Gernika natal… Una sola la idea ocupaba su mente: la de volver a vivir en ella. Muchas habían sido las visitas que había realizado a su terruño y muchas también con la idea de afincarse definitivamente en él. Pero siempre ocurría lo mismo, llegaba lleno de ilusión y esperanza… pero poco a poco, y a medida que pasaban los días, una sensación de desasosiego iba adueñándose de él. Aquella Gernika que tenía delante poco o nada tenía que ver con la que él abandonó en su huida a México. Era tal la desazón que siempre encontraba una razón para salir corriendo hacia su exilio, ya voluntario, de San José. La verdad de Arlote era simple, trágica y descarnada: él no pertenecía a Costa Rica, pero tampoco a la actual Gernika. Arlote era ciudadano de una Gernika que fue y nunca volverá a ser… había perdido sus raíces y nunca las volvería a encontrar.

Entonces entendí que la naturaleza humana cuenta con la identidad como una de las bases en las que se cimenta. Tenemos… necesitamos pertenecer a un grupo, un grupo que nos identifica, nos relaciona con nuestros semejantes y nos hace diferentes de los y las pertenecientes a otros grupos. Da igual la naturaleza del mismo… pueblo, ciudad, nación, país, partido político, equipo de fútbol… algo que nos ayude a recordar quiénes somos, nos proporcione unas señas de identidad y nos diferencia de los que no lo son.

Mis tíos Sabin y Manu decidieron salir de nuestro herrialde para conocer nuevos sitios, nuevas gentes, nuevas culturas y crecer como personas además de profesionales… y lo hicieron bajo la premisa de no ser emigrantes el resto de su vida y volver antes de engrosar la lista de Arlotes del mundo. Se lo prometieron y cumplieron. Cuando me llegó el turno yo también lo hice y volví.

Las empresas no son muy diferentes a nosotros… (Continuará)

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4 respuestas a Raíces y Alas (I)

  1. pilar dijo:

    Hay una preciosa poesía de Joseba Sarrionaindia que dice, more or less: “Nekez uzten du bere sorterria sustraiak han dituenak. Nekez uzten du bere lurra zuhaitzak ez bada abaildu eta oholetan. Ez du niniak begia uzten ez bada erroi edo arrubioen mokoetan.
    Nekez uzten du gezalak itsasoa ez hare harriak basamortua. Ez du liliak udaberria uzten ez elurrak zuritasuna. Bere sorterria nekez uzten du sustraiak han dituenak”.
    También dice otro común amigo: “si sabes de dónde vienes y a dónde quieres llegar, aunque lo parezca, nunca estás técnicamente del todo perdido”. Suerte con el paseo por la e-sociedad.

  2. guiller dijo:

    Bueno, bueno,
    Dos menciones en dos posts, es mucha provocacón como para no entrar a contestarla.

    He preferido hacerlo en un medio menos moderno, así que si mañana lees la prensa, lo mismo encuentras una referencia oculta, al final de un artículo que me inspiró alguno de tus últimos correos.

    Carezco de la infinita habilidad de Pilar para encontrar la cita adecuada, pero te dejaré una que me he encontrado esta semana en el lema del centenario de la Escuela de Armería de Eibar: “gure gero – gura gara”. No tiene desperdicio, eh?

    abrazo, nos vemos el lunes, que hay trapo que soltar ; )
    guiller

  3. Rafael Ruiz de Gauna Peláez dijo:

    Felicidades por la iniciativa. Felicidades por el gran proyecto.
    Rafa el viejo. Uno de los hombres pequeños. Un invisible.

  4. elenano dijo:

    Quizá lo de Arlote no fuera tan trágico, si lograra disfrutar de cada una de las miradas que supo retener y celebrar la ausencia de sus fronteras (mentales), si gozara con cada abrazo que le espera allá donde vaya, y más aún con el camino hasta encontrarlo, y si, claro, algún día puede tener ganas de recoger cada uno de los trocitos que ha ido dejando por ahí regados… pero seguro que si lo ha intentado, ha concluido que ese trocito, ese, estaba ahí mucho mejor acompañado.
    Un beso muy grande, desde una esquinina de por ahí en el mundo…

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