Del Australopithecus al Homo Iratitxu-ensis….

Según la Wikipedia:

“Los científicos han estimado que las líneas evolutivas de los seres humanos y de los chimpancés se separaron hace entre 5 y 7 millones de años. A partir de esta separación la estirpe humana siguió ramificándose originando nuevas especies, todas extintas actualmente a excepción del Homo Sapiens.”

Algunas de esas ramas, como la de los Australopithecus, contaban con características más que “prometedoras” para garantizar su supervivencia. Eran fuertes y estaban perfectamente adaptados a su medio. Pero aquel “su medio” cambió a su alrededor gracias a una de las múltiples crisis climáticas que ha experimentado la tierra, convirtiendo la sabana en la que habitaban en desiertos fríos y esteparios. “Su medio” cambió, pero ellos no fueron capaces de seguirlo en su mutación y eso les llevó al fin de su estirpe.

Los expertos dicen que lo que, precisamente, ha llevado al Homo Sapiens a sobrevivir como especie es su capacidad de adaptación. Yo añadiría que, además de dicha capacidad de adaptación frente al medio, ha adquirido la habilidad de cambiar y adaptar, en beneficio propio, aquellos medios hostiles a los que no ha podido o querido adaptarse. El Homo Sapiens responde perfectamente a aquel viejo adagio que aparece en los ensayos de Sir Francis Bacon:

…si la montaña no va a Mahoma… Mahoma irá a la montaña…”

Esta habilidad, llevada a límites casi sibilinos, ha llevado al Homo Sapiens a considerarse dueño y señor de la naturaleza y a “usarla” y “abusarla” hasta llevarla al límite y provocar su reacción en forma de agujero de ozono, inundaciones, calentamiento, terremotos, sequías… constituyéndose en el mejor aliado del peor enemigo del Homo Sapiens… el propio Homo Sapiens.

No pongo en duda el diagnóstico de los expertos sobre la capacidad de adaptación del Homo Sapiens… pero basta una mirada a nuestro alrededor para constatar la gran contradicción en la que nos encontramos al respecto… porque el Homo Sapiens también es un animal de costumbres. Un animal que tiende al inmovilismo, a la rutina, al respeto incuestionable de lo establecido, al miedo a lo desconocido y a la incertidumbre… ¿Que no?

Mañana cuando te duches… compruébalo!!! Siempre entramos en la ducha con el mismo pie, comenzamos a mojarnos, a enjabonarnos, a aclararnos y a secarnos por el mismo punto y en la misma postura… y por último salimos de la ducha siempre de la misma forma.

Muchas y variadas son las naturalezas de los condicionantes o patrones que “orientan” nuestro inmovilismo. Algunos de carácter cultural, otros religiosos, sociales, políticos o simplemente originados de una forma un tanto artificial en la “mass media” tradicional o los modernos 2.0.

No creo que sea malo disponer de rutinas y costumbres, pero sí resulta imprescindible, aunque no frecuente, ser conscientes de ello. Muchas veces estamos inmersos en una dinámica que nos envuelve y no nos permite tener puntos de referencia que nos hagan apreciar el movimiento de nuestras vidas ni disponer del tiempo ni las energías para cambiar de rumbo presos de esos condicionantes. Estamos dentro de un río que nos arrastra, un río del que no vemos las orillas ni tampoco sabemos dónde ni cuándo va a desembocar. Los kayakistas de aguas bravas son muy conscientes de ello y siempre que sospechan que el próximo paso puede entrañar alguna dificultad, reman hasta la orilla, dejan sus monturas acuáticas y recorren a pie el tramo, estudiándolo minuciosamente centímetro a centímetro, decidiendo cómo, cuándo y por dónde superarlo. Todo este proceso sería imposible de ser realizado desde dentro del propio río… Ellos lo saben y saben cómo atajar el problema.

Yo he ido adquiriendo esa capacidad de dar un paso atrás y mirar las cosas con ojos críticos desde la orilla… pensaba que era una técnica que dominaba, pero ya hace año y casi dos meses que conocí a alguien que es una experta en la materia y deja mi handicap a la altura del betún. Ella tiene la ventaja de no haber estado metida en el río todavía y no ha tenido que hacer el ejercicio de abstracción al que nos vemos obligados el resto. Hemos ido conformando un triunvirato, ella, su amatxu y yo, en la que cada componente aporta lo mejor de una mismo. Puede parecer que Iratitxu, que así se llama nuestra experta, sea el vértice que menos aporta a nuestra comunidad… al fin y al cabo, cada día se pasa casi 14 horas durmiendo y el resto lo distribuye en alimentarse, ensuciar pañales y deambular por la casa buscando algo que ver, mirar, coger, inspeccionar, chupar y abandonar… pero nada más lejos de la realidad. Basta con observar sus movimientos y, sobre todo, la expresión de su rostro y sus reacciones para darnos cuenta de su maestría en el asunto.

No pasa ni un solo día sin que me sorprenda con una enseñanza nueva, fruto de su mirada limpia y curiosa. Enseñanzas con las que, poco a poco, creo, me va convirtiendo en mejor persona. La lista de ellas es larga, pero me voy a aventurar a compartir con vosotros y vosotras las más importantes:

  • Curiosidad: (ojo, curiosa que no cotilla!!!)

    Iratitxu no pierde ninguna oportunidad de escrutar su entorno. Cada movimiento nuevo, cada ruido nuevo, cada forma nueva, cada color nuevo, cada luz nueva… siempre es susceptible de ser investigado. Decididamente se mueve por voluntad de aprender y conocer, no por necesidad. No sé cuándo se va perdiendo esta capacidad de sorprenderse, pero se me antoja indispensable para sobrevivir al mundo cambiante en el que nos encontramos. No se trata de tener la última versión de I-teléfono o el último grito en redes sociales; tampoco se trata de introducir palabras como: innovación, social media o creatividad en cada párrafo y “surfear” sobre las nuevas tendencias en una ola interminable. No, se trata de no perder la capacidad de: ver, entender, asimilar… En definitiva, aprender y, por qué no, desaprender. Incorporando lo aprendido en nuestra vida cotidiana, abriéndonos nuevos espacios, nuevas puertas y nuevas ventanas, quedándonos con aquello que nos es útil, nos ayuda a crecer y a ser mejores personas y alejándonos del inmovilismo al que antes hacía alusión.

  • Profecía autocumplida

    Cuando Iratitxu se cae, y siempre que el asunto no haya sido tipo “batacazo”, lo primero que hace es mirarte y espera unos segundos a ver tu reacción. Si lo que ve son caras de gravedad, preocupación o emergencia… estalla en un llanto desconsolado… con “mucho sentimiento”, como dice su amama. Pero si lo que percibe son rostros serenos, tranquilos y con una pizca de complicidad… sonríe como sólo ella sabe hacerlo y sigue jugando.


    Ya hace unas semanas, los chicos y chicas de Vesper ya nos hablaron largo y tendido sobre esto de las “profecías autocumplidas”. También, Rafael Santandreu, en su ‘El arte de no amargarse la vida’, nos explica que frente a una misma situación existen diferentes formas de enfocarla y dejar que nos afecte en función de cada una de ellas. Iratitxu nos enseña que trabajando nuestras reacciones y no dejándonos llevar por el estigma de “terribilitis”, culpabilidad y penitencia, que muchas veces nos atenaza, podríamos alcanzar la suficiente serenidad como para afrontar nuestras vidas de forma más equilibrada y satisfactoria.

  • Lamentarse sí, pero lo justo

    Iratitxu es una persona de ideas fijas pero efímeras. Y aunque parezca una contradicción… no lo es. Cuando algo, una pelota por ejemplo, llama su atención se afana en poner en práctica el mecanismo: qué es aquello?-Voy a verlo-cogerlo-chuparlo-subirlo-qué es aquello?… Intenta alcanzarlo de forma obstinada, intentando salvar las dificultades que se le presentan: camina hacia la pelota, si no puede, se tira al suelo y gatea, si está en alto intenta llegar de puntillas o escalar hasta la pelota… si después de todo el proceso consigue su objetivo… se sienta con su trofeo entre las manos, lo mordisquea y se ríe con satisfacción… hasta que otra cosa capta su atención. En caso de fallar en su propósito… estalla en un llanto desconsolado que parece más propio de alguien al que se le está arrancando el hígado que de una niña que no puede alcanzar su pelota. Pero Iratitxu no deja que este trance de desconsuelo descarnado le arrastre indefinidamente y cesa en el mismo instante en que otra cosa llama su atención. En ese momento se rearma y vuelve a activar su mecanismo: qué es aquello?-Voy a verlo-cogerlo-chuparlo-subirlo-qué es aquello?…

    Iratitxu nos enseña que, está bien, y puede que sea bueno, dejarnos llevar por la dinámica de “luto” e invertir un tiempo el lamernos las heridas y lamentar nuestra suerte pero nunca hasta llegar al punto de anular nuestra propia supervivencia. Hay que levantarse y salir en busca de la siguiente pelota!!

  • Practicar, practicar y practicar

    Nuestra protagonista no sabe quién fue Amundsen, aquel noruego que conquistó el Polo Sur, pero es una firme defensora y practicante de una de las enseñanzas que nos dejó en aquella aventura. Iratitxu es muy persistente, si se empeña en hacer algo… lo intenta, lo intenta, lo intenta, lo intenta… y si lo consigue… lo practica, lo practica, lo practica… hasta que lo domina y lo interioriza como algo suyo. Así aprendió a darse la vuelta, a arrastrarse, a gatear, a ponerse de pie, a andar agarrándose a algo y ahora a andar sola… balanceándose de forma insegura, como si fuera un borracho en medio de una melopea, pero sola. Puede que no sea constante y que sus intentos se realicen a ráfagas y entre ráfaga y ráfaga se dedique a otras cosas. Pero siempre vuelve a sus intentos.

    Ella tampoco sabe de refranes, pero parece que ese de “…el que la sigue la consigue…” fue escrito para ella!!!

Os dejo con una estrofa de la “Canción del Pirata” de José de Espronceda dedicada a Iratitxu y con el deseo de que me siga enseñando muchas cosas más en años venideros:

…Navega, velero mío,

sin temor,

que ni enemigo navío

ni tormenta, ni bonanza

tu rumbo a torcer alcanza,

ni a sujetar tu valor…

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4 respuestas a Del Australopithecus al Homo Iratitxu-ensis….

  1. Osaba Xabi dijo:

    Que es mi barco mi tesoro,
    que es mi dios la libertad,
    mi ley, la fuerza y el viento,
    mi única patria, la mar.

    Tu estudio empírico revela lo que me temía: el ser humano trae un excelente software de serie, son las aplicaciones que se van descargando posteriormente lo que hacen de un buen Pentium un pésimo 386…

    • Bakio dijo:

      Un reto, eso de mantenerse Pentium y no hacerse un auto-downgrade a 386.
      No sé muy bien como… pero intentaré que Iratitxu no se malogre con instalaciones superfluas y quede libre de malware el máximo tiempo posible!!!
      Veremos… se admiten colaboraciones en semejante empresa!!!!

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