La vida es como una caja de bombones…

Allá por 1994 el bueno de Forrest Gump nos decía:

 

Mi mamá dice que la vida es como una caja de bombones, nunca sabes qué te va a tocar.”

Siempre me ha parecido un símil bastante ajustado a la realidad hasta que… hasta que los chicos y chicas de la “caja roja” se dedicaron a añadir en la cara interna de las tapas de sus cajas de bombones… una estupenda foto de cada uno de ellos con todo tipo de información sobre los mismos: Delice, Orange Delice, Trufa, Sublime, Coquille, Noir… Una buena iniciativa para ayudar al indeciso cliente a decidir cuál elegir primero para hincarle el diente, pero que ha terminado, al mismo tiempo, con el misterio y la incertidumbre del primer bocado, y de paso… con la frase de nuestro amigo Forrest.

Desde mi punto de vista, y con el permiso de Forrest, la vida se asemeja más a un largo glaciar al que nos vemos ligados desde que nacemos y nos encontramos abocados a descender durante el resto de nuestra vida. Tres cosas caracterizan a esta lengua de hielo: la primera consiste en que la única forma de abandonar la misma es por su final y con los pies “por delante”. La segunda que hagamos lo que hagamos, por mucho que nos empeñemos en quedarnos quietos y no aceptar el envite de avanzar… ella lo hará por nosotros y nos irá llevando a su lomo hasta que nos deposite en la morrena donde encuentra su final y el nuestro. Y la tercera, y última, se basa en la incertidumbre del camino a seguir… ninguno sabemos cuál será nuestro itinerario, ni con quién nos vamos a encontrar, ni cuánto tiempo va a durar la travesía, ni los peligros, las tribulaciones ni las satisfacciones que nos vamos a ver obligados a seguir, sufrir o disfrutar…

Al principio, y durante ese periodo de nuestra existencia en el que dependemos de nuestros mayores para subsistir, vamos cómodamente instalados en una mochila en la espalda de nuestros padres, madres, abuelos, abuelas… que se encargan de buscar, en nuestro nombre, el mejor camino de descenso. Poco a poco vamos adquiriendo la potestad de decidir por nosotros mismos hasta que nos encontramos emancipados y solos ante el peligro, y es entonces cuando tenemos que empezar a jugar nuestras cartas y decidir si nos movemos o no y cuál es el camino que queremos seguir.

A medida que vamos recorriendo el glaciar nos iremos encontrando con diferentes parajes. Algunos nos parecerán divertidos y amenos con saltos, rapels, puentes de hielo, vistosas cascadas… como la Cascada de Hielo del Khumbu a los pies del Everest. Otros aparentemente aburridos y tediosos, con grandes caminatas por monótonos desiertos helados como el valle del silencio en el mismo Everest, aunque siempre dispuestos a sorprendernos con la aparición de traicioneras grietas que se empeñan en tragarnos una y otra vez. Y también nos encontraremos con parajes absolutamente caóticos que resultan imposibles de flanquear y que nos obligarán a buscar caminos y escapes alternativos que nos devuelvan al seno de nuestro glaciar una vez terminado el conflictivo paso. Otras veces sentiremos que el hielo se acelera bajo nuestros pies, como caracteriza a los cortos pero impetuosos glaciares neozelandeses como el Fox o el Franz Josef, y otras nos engañarán con una fingida inmovilidad como el famoso Perito Moreno en Argentina.

Pero… ¿estamos indefensos a merced de semejante monstruo lleno de grietas, seracs, cuevas, acuíferos y túneles? No del todo. Creo que hay varias cosas que podríamos hacer para avanzar por él, sin garantía alguna pero disminuyendo en gran medida el riesgo de sufrir más “sinsabores” de la cuenta:

  • Sobre el primero ya nos habló Amundsen en otro post sobre el centenario de la conquista del Polo Sur… “si sales a navegar… no te canses de preparar…”. Disponer del mejor material posible de acuerdo a nuestras necesidades. No es preciso equiparnos con material super-técnico, como si fuéramos a subir uno de los 14 8.000les o la norte del Eiger, pero tampoco como si fuéramos a la playa una tarde de verano sin riesgo de galerna… como diría mi aita: “… lo justo y necesario… sin obsesionarse con el verbo tener…”.

  • Además tendríamos que disponer de la suficiente destreza técnica como para conocer los fundamentos básicos de utilización de nuestro material en los diferentes escenarios ante los que nos podamos presentar y la forma física y psicológica adecuada para hacerlo… hay que aprender a sacar partido a lo que tenemos!!!

  • Hay dos cosas que nadie te suele enseñar cuando eres pequeño y luego son muy difíciles de asimilar: la empatía y conocer nuestros propios límites. Dominar esto último resulta capital para no correr más riesgos de los imprescindibles en el deambular por el glaciar. Conocer hasta dónde podemos llegar en base a variables como nuestra forma física, nuestro dominio de la técnica de progresión sobre hielo, lo idóneo del equipamiento que llevamos, las previsiones meteorológicas previstas, el estado del hielo que pisamos…

  • A pesar de lo inhóspito que puede parecer un glaciar… no es un desierto, y con cierta frecuencia nos vamos cruzando con gente en nuestro camino. Algunas personas no significarán más que un pequeño punto en el otro extremo del glaciar, algunas un encuentro fugaz en un cruce de caminos, otras caminarán cerca de nuestra ruta pero separadas por una interminable grieta imposible de flanquear… grieta que nos hará imposible acercarnos y nos condenará a no entendernos. Y unas pocas personas nos acompañarán durante un trecho más o menos largo de nuestro itinerario y será con éstas con las que iremos conformando una cordada. Gente que nos asegurará en pasos comprometidos, con la que compartiremos anocheceres pintados de espectaculares naranjas, con la que reiremos, lloraremos, cantaremos… con la que compartiremos lo que sentimos, lo que creemos, lo que ansiamos, lo que amamos… lo que somos. Resulta extremadamente importante aprender a lidiar con todas y cada una de ellas, siendo capaces de disponer de la suficiente paciencia, respeto y tolerancia… nuevamente: EMPATÍA… para que nuestro caminar sea lo más agradable, ameno, placentero, seguro y efectivo como sea posible. Los componentes de nuestra cordada, y nuestra actitud hacia ellos, marcarán la calidad de nuestra vida y hará que merezca la pena haberla vivido.

  • En otro post en el “mundo de los pequeños” ya comentamos la importancia de la anticipación para escapar del azote de la crisis y el déficit… Los peligros que nos acechan en nuestro caminar no solamente emanan del hielo bajo nuestros pies… también del cielo sobre nuestras cabezas. Una tormenta inesperada sin refugio en el que guarecernos, vientos huracanados que nos tiran al suelo, densas nieblas que no nos dejan ver nada más allá de nuestras propias narices o un sol inmisericorde que abrasa nuestra piel hasta convertirla en algo parecido a un pergamino seco y ajado. No podemos luchar contra las inclemencias meteorológicas, pero sí preverlas y prevenir sus efectos para buscar un refugio adecuado, un camino menos expuesto o simplemente embadurnarnos con una capa de crema de alto índice de protección y cubrir nuestra cabeza con sombrero de ala ancha. El verbo “acertar” hace de la meteorología una ciencia altamente inexacta que solamente garantiza un % aceptable de éxito en sus predicciones en plazos cortos… pero suficiente para ayudarnos en nuestro caminar. También el acervo cultural, lleno de sabios refranes, nos ofrece referencias, que junto a la observación de lo que nos rodea, nos proporciona una idea sobre el tiempo que nos espera en el futuro inmediato. Nuestra propia experiencia e intuición también constituyen valiosos aliados para evitar ser sorprendidos por fenómenos meteorológicos que pongan en peligro nuestra vida o la del resto de los componentes de la cordada. La anticipación y la previsión nos evitarán caer en más sorpresas desagradables de la cuenta.

  • Los dos últimos versos del poema “Invictus” reflejan muy bien esta última cuestión:

“… Soy el amo de mi destino;
soy el capitán de mi alma.”

Invictus”, un poema escrito por el poeta inglés William Ernest Henley. “Invictus”, Un poema que sirvió a Nelson Mandela para sobrevivir los 27 años de injusto cautiverio y atroces torturas a las que estuvo sometido por su lucha contra el ya desaparecido Apartheid en su amada Sudáfrica. “Invictus”, un poema que elevaron a la inmortalidad el director Clint Eastwood y el actor Morgan Freeman en la película del mismo título.

Cuando el ser humano se enfrenta a un nuevo reto, es capaz de reaccionar de muy diferente manera. Existen casi tantas opciones diferentes de encarar el problema como personas pisan o han pisado la Tierra. Nosotros y nosotras tenemos la potestad de decidir cómo reaccionar ante cada situación a la que nos enfrentamos. No digo que sea fácil, digo que es posible, aunque disponer de un control sobre ello requiere paciencia, tesón, constancia y entrenamiento hasta conseguir oponer nuestra voluntad a lo primitivo y visceral de nuestras reacciones inmediatas e irreflexivas. Cuando caemos en una grieta podemos abandonarnos en la oscuridad y esperar a que el frío congele nuestro cuerpo y nuestro aliento; podemos dejarnos llevar por el pánico y malgastar nuestras limitadas energías en absurdos y yermos intentos de huida hacia la superficie; podemos quejarnos y gritar hasta la extenuación pero sin mover un dedo hacia nuestra salvación; podemos levantarnos, estudiar la forma de salir, solos o con la ayuda de nuestros compañeros de cordada, y ponerla en práctica hasta que el sol vuelva a calentar nuestro cuerpo y nos encontremos en disposición de seguir nuestro camino… Nosotros y nosotras decidimos con qué postura nos enfrentamos a cada situación… Eso que en el refranero popular dice algo sobre no sé qué cristal de no sé qué color de no sé qué mirada….

Me gustaría dedicar este post a todos aquellos habitantes del mundo de los pequeños que se afanan en recorrer sus glaciares poco a poco, paso a paso, en pequeñas “diócesis”, como diría mi amama, pero sin desfallecer ni dejarse llevar por la desidia, el cansancio y la desilusión. Y en especial a la “rancia”, una pequeña que se ha enfrascado en un enorme rodeo para salvar una extraordinaria barrera de seracs que se empeña en bloquear su camino, pero al que tarde o temprano conseguirá volver más fuerte, más madura y más segura que antes de emprender el desvío.

Antes de acabar, os dejo con el poema completo de Henley y la mejor traducción que he encontrado en el “ciberdespacio”.

INVICTUS”

Out of the night that covers me,
Black as the pit from pole to pole,
I thank whatever gods may be,
For my unconquerable soul.

In the fell clutch of circumstance,
I have winced but not cried aloud.
Under the bludgeonings of chance,
My head is bloodied but unbowed.

Beyond this place of wrath and tears,
Looms but the horror of the shade.
And yet the menace of the years,
Finds, and shall find me, unafraid.

It matters not how strait the gate,
How charged with punishments the scroll,
I am the master of my fate,
I am the captain of my soul.

INVICTO”
Fuera de la noche que me cubre,
Negra como el abismo de polo a polo,
Agradezco a cualquier dios que pudiera existir
Por mi alma inconquistable.

En las feroces garras de las circunstancias,
Ni me he lamentado ni he dado gritos.
Bajo los golpes del azar
Mi cabeza sangra, pero no se inclina.

Más allá de este lugar de ira y lágrimas
Es inminente el Horror de la sombra.
Y sin embargo la amenaza de los años,
Me encuentra y me encontrará sin miedo.

No importa cuán estrecha sea la puerta,
Cuán cargada de castigos la sentencia.
Soy el amo de mi destino,
Soy el capitán de mi alma.

Anuncios
Galería | Esta entrada fue publicada en cine, Montaña, Personas, Viajes. Guarda el enlace permanente.

7 respuestas a La vida es como una caja de bombones…

  1. lalala dijo:

    Me ha encantado el símil de “la cordada”. La mía, de la que por supuesto formáis parte, me sostiene siempre a lo largo de los devenires de la vida. Lo sé. Pero también sé, que a veces tengo que aprender a dejarme llevar un poco por ella y pasar de la escalada libre que, muy a menudo, me propongo en practicar…jeje…estoy en ello.
    Estas cosas se saben, pero a veces necesitas que te las recuerden…! gracias por hacerlo!

    • Bakio dijo:

      Querida Lalala:
      El cabo que nos une a nuestra cordada tiene cierto grado de flexibilidad ya que si fuera totalmente rígido, y si alguien cayera en una grieta, podría rompernos el espinazo al frenar en seco el golpe…
      Así que no te preocupes por sus devaneos en “libre”, te largaremos la cuerda que necesites pero sabiendo que podemos tensarla en el momento que precises un seguro más firme.
      :**

  2. Pingback: Raíces y Alas (II): Otra herramienta anti-crisis | El mundo está a favor de los pequeños…

  3. Pingback: Surf y superpetroleros … eso que llaman: “Vida en pareja” (I) | El mundo está a favor de los pequeños…

  4. Pingback: Una deuda pendiente… Aotearoa (I) | El mundo está a favor de los pequeños…

  5. Pingback: Nkosi, sikelel’ i Afrika (I) | El mundo está a favor de los pequeños…

  6. Pingback: ¡¡¡Óptimo!!! | El mundo está a favor de los pequeños…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s