Surf y superpetroleros … eso que llaman: “Vida en pareja” (y II)

Pero como dice el bueno de Pablo Milanés en su canción “Años”: “… el tiempo pasa y nos vamos poniendo viejos…” y nuestra mochila se va llenando de experiencias, amigos, amigas, novios, novias, maridos, esposas, hijos, hijas, créditos, hipotecas, contratos, personas dependientes, achaques de salud… y por qué no… nuestro propio acomodo, la necesidad de minimizar la incertidumbre y maximizar la, casi siempre falsa, sensación de seguridad. Una mochila con tanto peso y volumen que ya no nos permite surfear a gusto, pero de la que cada vez nos es más difícil prescindir… Y entonces…. ¿qué? Entonces sustituimos nuestra tabla por un kayak de mar, con mayor capacidad de carga pero con movilidad más que aceptable, luego pasamos a un “chinchorro”, a un bote, a un velero… y vamos aumentando la eslora y la manga de nuestro “objeto flotante” hasta que nos vemos en el puente de un “superpetrolero” cuyas bodegas viajan repletas de esas cosas que vamos cosechando a lo largo de nuestra vida.

Un “superpetrolero” es uno de los navíos más grandes que surcan los mares de nuestro planeta y sus características y evoluciones me recuerdan a las relaciones “de pareja” cuando nos hemos ido “poniendo” un poco más viejos:

  • El descomunal tamaño de los “superpetroleros” los hace buques con una inercia casi tan grande como su capacidad de carga. El capitán debe anticipar mucho tiempo la realización de cualquier tipo de maniobra. Precisan mucho campo libre para detener el barco, en cada virada su estela describe un enorme y amplio arco, su velocidad de crucero es alta pero precisa bastante tiempo para alcanzarla… De forma similar, las relaciones de pareja, llegados a este punto de nuestras vidas, también cuentan con cierto grado de inercia. Cada cambio de orientación, cada cambio de ritmo, el inicio de una nueva o la finalización de la que ya tenemos… cada variación en el estado de la misma nos supone un esfuerzo mayor, una planificación mayor y una anticipación mayor que en el pasado.

  • Por otro lado, este tipo de buques nos inspiran seguridad. Seguridad por su tamaño… son capaces de encarar casi cualquier temporal sin tener que variar un ápice su rumbo inicial. Seguridad por lo sofisticado de su tecnología y por su estructura y construcción (robustos pero flexibles). Seguridad por lo extensa y exhaustiva normativa que deben satisfacer para poner proa al mar… Aparente seguridad que disfrutan las relaciones de pareja basadas en valores como comprensión, paciencia, confianza, tolerancia… valores más propios de la madurez que de la estridente juventud. Valores cultivados en el seno de una relación durante largos años.

  • Los grandes barcos mercantes recorren incansablemente millas y millas a lo largo de los siete océanos, la mayoría de las cuales las realizan en mar abierto. Y a diferencia de su llegada a la costa, en la que las olas se erigen orgullosas hasta romper en medio de un estrépito de ruido y espuma, cuando éstas transitan en altamar se muestran en forma de largas y suaves lomas de agua, sin ruido ni espuma alguna, invitando a los barcos a subirlas y bajarlas sin estrépito ni contratiempos. Nuestras reacciones y sentimientos se van atemperando con el tiempo y se van asemejando más a las olas tendidas de mar adentro que a las olas-rompientes de la costa y nuestra juventud. Pero no hay que olvidar que las olas tendidas de altamar, aunque con una cara más amable que cuando llegan a las costas, cuentan con un poder y una energía considerables, por lo que no deben ser desdeñados los efectos que pueden producir en nuestra singladura o relación. Por ello, si basamos nuestra relación en los valores descritos en el apartado anterior y ésta goza de unos cimientos sólidos, podremos superar cualquier ola que se nos presente. La subiremos y la bajaremos como si fuera una de las colinas que aparecían en “Sonrisas y Lágrimas” mientras Julie Andrews nos regalaba alguna de sus almibaradas canciones… Pero si no… la historia naval está llena de ídolos con pies de barro que fueron tildados con epítetos como: “insumergible”, “inexpugnable”, “supercarguero”… Nombres como Titanic, Andrea Doria, Derbyshire, Bismarck o los recientes Costa Concordia o Kursk y terminaron sus días en en el fondo del mar, víctimas de decisiones erróneas de sus oficiales o de enfrentamientos bélicos provocados por la característica cerrazón humana.

  • Tal y como hemos comentado en el apartado anterior, ni el buque más moderno, ni el más seguro, ni el mayor ni mejor dotado está a salvo de catástrofe o naufragio alguno. Semejantes episodios suelen acarrear consecuencias de similares proporciones al tamaño de los buques que los protagonizan. El naufragio de un pequeño bote, a excepción del drama humano que afecta a su tripulación y a sus propias familias, pasa totalmente desapercibido al resto de la humanidad. Pero los naufragios de grandes barcos, como los tristemente famosos Prestige o Exxon Valdez, dejaron tras de sí desastres ecológicos; o como los grandes transatlánticos de principios del siglo XX que, con sus hundimientos, originaron listas de miles de victimas entre tripulantes y pasajeros. Todos ellos quedaron inscritos en el lado oscuro de nuestra memoria. De forma análoga, cuando nuestra relación de pareja llega al punto del naufragio… los efectos pueden llegar a ser casi tan devastadores como la peor marea negra de la historia. Estas rupturas suelen convertirse en un suceso difícil de superar para los miembros de la pareja, por muy “civilizada” que sea la ruptura… y con el agravante de contar con efectos colaterales en otros pasajeros damnificados, como hijos e hijas, que no son partícipes del conflicto pero sí victimas del mismo, siendo imprevisibles los efectos sobre ellos y ellas.

Dicen que la realidad supera con creces la ficción, aunque en temas de “amoríos” el cine y la literatura nos dan sobradas referencias que ilustran lo expuesto en este post. Películas como: “Up in the air” o “Le llamaban Bodhi” cuentan la historia de personas, un poco “menos jóvenes”, que optan por viajar ligeros de equipaje y seguir sobre una tabla de surf el resto de sus vidas. O films como: “Romeo y Julieta”, “Love Story” o “West Side Story”, que se empeñan en ofrecernos una visión desgarradora de las relaciones sentimentales… como decía Antonio José Bolívar Proaño, protagonista de la novela “El viejo que leía novelas de amor” (Luís Sepulveda): “… novelas de amor, de amor de verdad, de ese que duele…”. Otras nos llevan a relaciones más pausadas, tranquilas y profundas entre personas más o menos maduras con pesadas mochilas a sus espaldas como: “Los puentes de Madison”, “La reina de África” o “Sabrina”. Un tercer grupo recoge aquéllas que relatan historias de amor que, a pesar de unos cuantos encuentros y desencuentros a mitad del metraje, terminan mucho mejor de lo que empezaron: “Oficial y caballero”, “Cuando menos te lo esperas”, “El diario de Noa”, “Un paseo para recordar” o la ya mítica “Desayuno con diamantes”. Por último, una pequeña referencia a aquellas películas que consiguen que nos riamos de nosotros mismos sin perder de vista la ternura y calor del amor:Irma la dulce”, “El apartamento” o “Con faldas y a lo loco”.

Un último guiño a las dos personas de mi cordada que se han lanzado a la aventura de “relaciones de pareja”…

…No es fracaso el fracasar sino no intentarlo por miedo al fracaso…”

Os dejo con la letra completa de aquella canción de Pablo Milanés: “Años”

Años

(Pablo Milanés)

El tiempo pasa,
nos vamos poniendo viejos
y el amor no lo reflejo, como ayer.
En cada conversación,
cada beso, cada abrazo,
se impone siempre un pedazo de razón.

Pasan los años,
y cómo cambia lo que yo siento;
lo que ayer era amor
se va volviendo otro sentimiento.
Porque años atrás
tomar tu mano, robarte un beso,
sin forzar un momento
formaban parte de una verdad.

El tiempo pasa,
nos vamos poniendo viejos
y el amor no lo reflejo, como ayer.
En cada conversación,
cada beso, cada abrazo,
se impone siempre un pedazo de temor.

Vamos viviendo,
viendo las horas, que van muriendo,
las viejas discusiones se van perdiendo
entre las razones.
A todo dices que sí,
a nada digo que no,
para poder construir la tremenda armonía,
que pone viejos, los corazones.

El tiempo pasa,
nos vamos poniendo viejos
y el amor no lo reflejo, como ayer.
En cada conversación,
cada beso, cada abrazo,
se impone siempre un pedazo de razón.

(1975)

Anuncios
Galería | Esta entrada fue publicada en cine, Esperanza, Mar, Personas, Viajes. Guarda el enlace permanente.

5 respuestas a Surf y superpetroleros … eso que llaman: “Vida en pareja” (y II)

  1. Pingback: Surf y superpetroleros … eso que llaman: “Vida en pareja” (I) | El mundo está a favor de los pequeños…

  2. mis principes dijo:

    Intentarlo….. eso es lo que nos da vida y nos hace forjarnos como personas.

    • Bakio dijo:

      Mis principes… Cierto, pero a veces es más fácil dejarse llevar por la inercia o simplemente esperar que “otros” nos resuelvan nuestros asuntos.. y así nos luce el pelo…

  3. Jose santana dominguez dijo:

    Me identifico plenamente con.esta linea de pensamiento. No he escuchado la cancion, pero no pasa este dia sin que la descargue.

    • Bakio dijo:

      Hola Jose:
      Bienvenido al “mundo de los pequeños”. Me alegro encontrar a otra persona, y no abundan, que se encuentre en sintonía de nuestra pequeña comunidad.
      Espero volver a leernos en breve, aunque por causas ajenas al guión… no me prodigo en escribir todo lo que me gustaría.
      :-))

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s