Pérgamo, la anti-torre de babel

Ya os conté algo sobre mi colección de hojitas-micro-diccionarios que voy atesorando a lo largo y ancho de los lugares que voy visitando y sobre la liturgia que sigo cuando llego a un nuevo hotel en un nuevo país. Cojo un pequeño trozo de papel, normalmente una servilleta de papel de la barra del bar de turno, garabateo las 8 expresiones imprescindibles: “Hola, Adiós, Buenos días, Buenas tardes, Buenas noches, Por favor, Gracias ,De nada” y salgo en busca de algún lugareño o lugareña para que me escriba en el mismo papelito, las mismas expresiones pero en el idioma propio del lugar.

Durante los últimos días he tenido la oportunidad de intercambiar opiniones, con mis amigos de Vesper y de Sisteplant, sobre lo imprescindible que es es disponer de un idioma común para establecer la comunicación o si por el contrario pesa más la buena disposición a entenderse que cualquier intersección idiomática que pudiéramos compartir. Aquel post y estas reflexiones me han llevado a compartir con vosotros y vosotras uno de los sucedidos que coseché en una de mis aventuras en la Turquía asiatica.

Ya hace muchas lunas, cuando las canas apenas poblaban mi barba, pasé un mes deambulando por la Turquía asiática. Un tórrido día, después de haber realizado la preceptiva visita a la acrópolis correspondiente, decidimos bajar a pié hacia el pueblo. En aquella ocasión había tocado en suerte la de Pérgamo, aquella misma en la que cuenta la leyenda que se inventó el pergamino fruto de Acropolis-de-Pergamouna crisis en el mercado internacional del papiro… pero eso ya es otra historia. Compramos una lata de cocacola y empezamos a caminar. El calor era casi insoportable… y a medio camino, nos encontramos con un lugareño. Estaba sentado tranquilamente a la sombra. en el portalón de su casa… mientras se esforzaba en moverse lo mínimo posible y aprovechar al máximo la mínima brizna de brisa que pasara por su lado para maximizar la ilusión de frescor… un juego de mínimos y máximos…

Nos vio, nos llamó y nos invitó a terminar nuestro refresco a su lado y jugar un rato a su juego de extremos.

Allí estuvimos algo menos de una hora charlando sobre las olimpiadas, eran tiempos de Barcelona, Mercury-Caballé, arqueros intrépidos… Nos contó que un compatriota suyo había logrado una medalla de oro en alterofília, que le gustaba el fútbol y conocía el barça… Nosotros le explicamos que nuestromus-suleymanoglu pueblo, como el suyo, también contaba con unas raíces tan ancestrales como desconocidas pero que nuestro verde no se parecía mucho al marrón de sus campos y montañas.

Una hora de charla animada, amena y sostenida… Él en un perfecto turco y nosotros en un híbrido ente castellano y euskera. Nuestra intersección lingüística escasa o inexistente. Un caso que me sigue planteando una pregunta: “¿Qué supone un escalón más difícil de superar, la no intersección idiomática o la intención de comunicarse y entenderse?

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Una respuesta a Pérgamo, la anti-torre de babel

  1. Eva dijo:

    🙂 🙂

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