¡¡¡Óptimo!!!

Cuando era un poco más joven, salí en busca de nuevos horizontes y experiencias lejos de nuestra querida metrópoli. Mis pasos me llevaron a Lisboa como primera escala. Allí comencé a entender que había tantas formas diferentes como válidas de hacer las mismas cosas: diferentes idiomas, diferentes valores, diferentes formas de cocinar o de limpiar los platos… En ese maremágnum de alternativas, me encontré con el que iba a ser unos de mis mejores amigos y una de las personas que me ha dejado una impronta más profunda… Después de convivir con Peter… nada volvió a ser como antes, las cosas, las personas, los paisajes, los colores, los vientos… eran los mismos de siempre pero todo había cambiado. En realidad el que había cambiado era yo… eso que dicen del color del cristal con el que se mira… Ya hace tiempo conversamos sobre Peter y nuestro querido y cada vez más añorado Madiba.

Lo cierto es que cuando nos conocimos, Peter contaba con el inglés como lengua materna, apenas chapurreaba una docena de palabras en portugués y trataba de aprender algo de español mediante una cinta de casette absolutamente infumable que oía una y otra vez, de forma impenitente, en su coche de camino al trabajo. Por mi parte, el asunto de los idiomas nunca ha sido mi fuerte, por aquel entonces además del castellano y el euskera, maltrataba el inglés a conciencia mientras hacía gala de un Purti-ñol con el que apenas me hacía entender con los lugareños y lugareñas.

A medida que pasaban los meses, Peter iba adquiriendo un mayor dominio de la lengua lusa de la mano de nuestra casera y profesora de portugués. Y a pesar de que el número de palabras que integraban su diccionario particular iba aumentando sin cesar, seguía utilizando diariamente la primera que había aprendido: “Óptimo”.

Cada vez que alguien le preguntaba a Peter sobre su estado o el resultado de alguna acción o trabajo, él se quedaba parado, le miraba a los ojos, esbozaba una amplia sonrisa y espetaba un sonoro y redondo: “Óptimo!!!”. Lo cierto es que más que el significado en valor absoluto de la palabra, lo que le daba su verdadera dimensión era su optimismo y la convicción de disfrutar y saborear cada minuto exprimiendo todo lo bueno que pudiera albergar cada uno. Nuestro amigo Vicente nos dejo muchas enseñanzas a este respecto.

Desde entonces, yo también suelo utilizar nuestra palabra talismán con cierta frecuencia y en un intento de emular, aunque sea de forma muy aproximada, al optimismo desbordante de Peter.

Suelo ir a tomar café a un bar en el bilbaíno barrio de Miribilla. En la barra suele estar una chica joven, delgada, con un llamativo tatuaje en el hombro izquierdo y una sonrisa tan franca y sincera como la de mi amigo Peter… inasequible al desaliento. Le expliqué mi historia de Peter y su “Óptimo” y cada vez que entro en el local y me acerco a la barra, le pregunto: “¿Cómo estas?”, ella me obsequia con un rotundo y sonriente :”OPTIMO!!!”.

Esta mañana, la liturgia se ha repetido puntualmente, primero un sonoro “Óptimo”, luego hemos conversado animadamente, he terminado mi café y nos hemos despedido de forma alegre, como suele ser habitual. Después del trabajo, y de camino a casa, iba reflexionando sobre nuestra liturgia cuando un inoportuno accidente se empeñó en no dejarme pasar. Y en ese preciso momento me dí cuenta de que durante todos y cada uno de los cafés que me ha servido aquella joven del tatuaje… le había mentido vilmente.

Cuando vemos nuestra vida a largo plazo, como un enorme recorrido desde nuestro nacimiento hasta el día de hoy, podríamos imaginarla como el descenso de un largo glaciar que termina en una enorme morrena por la que salimos con los pies por delante. Ya hace un tiempillo conversamos sobre ello en el “mundo de los pequeños”.

Pero si nos fijamos en el corto plazo, ese que nos permite ver cada detalle, cada piedra o cada curva del camino… En realidad la vida se asemeja a una pinche montaña rusa, un artilugio infernal, sin fin y de la que uno no se puede bajar, y que en algunas ocasiones nos lleva a ese punto en el que el “cochecito” se para durante unos instantes, en lo más alto de su recorrido y que nos permite ver todo lo que hay a nuestro alrededor con claridad, una visión de 360º, sin tener que preocuparnos de nada más que de vivir el instante… un instante realmente “Óptimo”. Pero como todos los instantes… su duración es efímera y tan rápido como llegamos a ese “óptimo-cenit”, el “cochecito” comienza a moverse y esta vez empieza a bajar. Al principio despacio, como si no fuera a pasar nada, pero se va acelerando de forma diabólica hasta que su velocidad no nos permite ver nada más allá de nuestras propias narices, nuestros músculos se tensan, nuestras manos se aferran desesperadamente a lo primero que pillan y nuestro cuerpo se prepara para el impacto… impacto que no acaba de llegar. La duración de la caída puede ser más o menos larga, pero siempre se nos antoja infinita… “amaigabea” que dicen los de mi “errialde”.

De repente nuestro cuerpo se aplasta contra el asiento, nuestra columna vertebral se comprime como si la fuerza de la gravedad se hubiera multiplicado por 1000 en un segundo. Parece que todo va a estallar y que es el fin… que ya no podemos más… hasta que de repente la presión comienza a disminuir, nuestros pulmones disponen de mayor espacio para maniobrar, el oxígeno vuelve a llegar a cada célula de nuestro cuerpo. El “cochecito” cambia su inclinación y comienza una nueva subida. Nos vamos recomponiendo a la misma velocidad cansina con la que poco a poco ganamos altura y muy lejos de la vertiginosa que nos llevó cuesta abajo. Mientras seguimos subiendo, el recuerdo de la bajada anterior se va atemperando hasta conseguir sentirlo como un mal sueño… hasta que el “cochecito” vuelve a equilibrarse llegando a otro punto “Óptimo”… y el ciclo vuelve a comenzar.

Puede que a alguien le entre la tentación de bajarse de la montaña rusa… En realidad solamente hay dos formas de hacerlo. La clave de la primera nos la da Fray Guillermo de Baskerville, el protagonista de “El Nombre de la Rosa”, cuando instruye a su discípulo Adso de Melk sobre la naturaleza del amor:

“Qué pacífica sería la vida sin amor, qué segura y tranquila. Y qué insulsa y monótona.”

Así pues, si conseguimos desligarnos de todo sentimiento humano: alegría, satisfacción, amor, tristeza, dolor, pena, horror, miedo… hasta contar con la misma sensibilidad y humanidad de un canto rodado. Es entonces cuando los raíles van disminuyendo su pendiente hasta llegar a alcanzar la horizontal, convirtiéndose en un camino seguro, tranquilo, insulso y monótono.

Este estado “pétreo” resulta tan difícil de alcanzar como el estado de nirvana que según la filosofía shramánica, es el estado de liberación tanto del sufrimiento (dukkha) como del ciclo de renacimientos, un concepto importante en el hinduismo, jainismo y budismo y que suele alcanzarse después de infinidad de prácticas y técnicas espirituales.

La segunda forma de parar este infinito sube-y-baja resulta mucho menos prosaica, romántica y espiritual que la anterior. Pasa por abandonarlo “con los pies por delante”, de forma prematura y voluntaria. El suicidio no parece que sea una forma recomendable para solucionarlo: una práctica que se demuestra no-ecológica, no-sostenible y no-reciclable.

NO-ECOLÓGICA, porque deja numerosas y profundas heridas en el medio en el que nos movemos, y en especial en las personas que nos rodean y que seguirán con sus respectivos sube-y-bajas una vez que nosotros nos hayamos apeado. Heridas que puede que nunca lleguen a cicatrizar y se conviertan en dolorosas llagas o gangrenas.

NO-SOSTENIBLE, porque esta estrategia es de esas de “billete de sólo ida” y tiene consecuencias irreversibles, aunque el macabro autor del peligroso e-juego “Ballena azul” se empeñe en lo contrario. No podemos suicidarnos durante un par de vueltas y luego subirnos como si nada al sube-baja de nuevo. No se puede alargar la estrategia con el tiempo… con esta estrategia se acaba completamente nuestro tiempo.

NO-RECICLABLE, porque no es una estrategia de esas que comienzan y se pueden ir adaptando y mejorando poco a poco, tal y como nos explicaba Al Pacino sobre el tango en la peli “Perfume de mujer

“No hay errores en el Tango, no es como en la vida. Es sencillo, por eso es tan hermoso. Si comentes un error, si te haces un lío, sigue bailando.”

Una vez ejecutada… ya nunca podremos seguir bailando!

Entonces… que nos queda? Lo cierto es que creo que cada persona deberíamos encontrar nuestro propio truco para viajar en esta interminable montaña rusa, llevar el viaje lo mejor posible y sin caer en la tentación de bajarse antes de tiempo. No a todos y todas nos sirve el mismo, y me atrevería a escribir que hay tantos trucos diferentes como viajeros.

Yo os dejo aquí el mío, no es el mejor ni el más efectivo ni el más grande… solamente es el mío. Un viejo amigo, Silvio, y aquella canción que nos cantaba a mediados de los 80, titulada: “Fábula de los tres hermanos” me indica el camino a seguir cuando dice:

“De tres hermanos el pequeño partió
por la vereda a descubrir y a fundar
y para nunca equivocarse o errar
una pupila llevaba arriba, y la otra en el andar…”

Como hacía el hermano menor, un ojo fijo en el camino, dentro del cochecito, y atento a todas y cada una de las sensaciones que nos provoca el sube-y-baja: la alegría, la satisfacción, el cariño, el miedo, el mareo, el vértigo, el enfado… Y el otro ojo… como si viajara en uno de esos drones que revolotean a nuestro alrededor y nos observan a vuelo de pájaro desde fuera del carricoche. Nos indica cómo nos movemos de forma objetiva e imparcial: subimos, bajamos, estamos arriba, estamos abajo, aceleramos, frenamos…

El primero, “ojo-emoción”, nos mantiene unido a nuestro plano emocional,
y el segundo, “ojo-racional”, al plano racional

Y así, cuando llegamos a ese punto en el que todo está a nuestros pies, el “ojo-emoción” nos hace sentir esa plenitud como la que Leonardo di Caprio nos transmitía en la proa del Titanic mientras gritaba aquello de: “… soy el rey del mundo!!!…”. El “ojo-racional” nos recuerda que el instante es efímero, que debemos saborearlo al máximo y que deberíamos seguir la recomendación de mi amigo Efren. Él los llama “Días de Trueno”. Los guarda como si fuera oro en paño en su memoria para evocarlos en tiempos peores, reproducir esa misma sensación y conseguir así que sean más llevaderos.

Pero tan pronto como llegan… pasan y comienza el vertiginoso descenso hacia el aparente vacío. Nuestro “ojo-emoción” nos lleva a conectar con nuestra respiración, ritmo cardíaco y mente mientras se desincronizan y cada una marca su propio ritmo a lo loco. Nuestras manos se aferran al pasamanos del carrito hasta blanquear nuestros nudillos… nos devoran sentimientos como miedo, desesperación, angustia… o una mezcla de todos ellos. El “ojo-racional”, por el contrario, nos comenta, al oído, que estemos alerta, nos agarremos bien y aguantemos el tipo” porque… “no hay mal que 100 años dure” ni caída sin fin.

En la penúltima fase del ciclo, llegamos al punto más bajo y violento del recorrido. Ese punto cuando perdemos el “oremus” y cuando todo va a saltar por los aires… “ojo-emoción” maximiza los sentimientos de la bajada anterior y se empeña en nublarnos lo que queda de vista y negarnos la posibilidad de ver salida alguna… El “ojo-racional” por el contrario, nos recuerda que después de una bajada… siempre hay una subida. De esta forma, además de anclarnos al “cochecito”, también nos mantiene con un nexo de unión con el mundo exterior y así evitar abandonarnos y que nos secuestre el torbellino de emociones que sentimos en ese instante. En ese punto, siempre me acuerdo de mi aita cuando me decía: “… Todo llega y todo pasa… Ánimo valiente!!!…”.

La última etapa… una cansina subida hacia la luz. Poco a poco nuestros bio-ritmos se vuelven a alinear, nuestros nudillos recobran su color rosáceo. El “ojo-emoción” nos va liberando del secuestro emocional y nos deja ver nuevas alternativas para seguir caminando. Por su parte, el “ojo-racional” nos dice, no sin cierto recochineo, “… te lo dije, después de un bache siempre hay una remontada …”; nos recuerda que luego llega otro punto “ÓPTIMO” y nos prepara para saborearlo al máximo y atesorarlo, tal y como nos anima Efren y sus días de Trueno. Y después… vuelta a empezar.

Nadie dijo que este “truco” sea fácil ni infalible… requiere entrenamiento, trabajo y constancia… mucho entrenamiento, mucho trabajo y mucha constancia para alcanzar el grado de “competencia-inconsciente” que nos permite dominarlo hasta llegar a automatizarlo. Además, y después de todo, seguro que SÍ es ECOLÓGICO, SOSTENIBLE y RECICLABLE.

A pesar de todo el entrenamiento, todo el trabajo y toda la constancia… a veces mis ojos se cierran y me pasa lo mismo que al hermano pequeño de la canción de Silvio:

“…y cuando vino el tiempo de resumir
ya su mirada estaba extraviada
entre el estar y el ir
ojo puesto en todo, ya ni sabe lo que ve…”

Siempre me queda esperar a que se haga de noche, mirar hacia arriba y buscar la constelación de Lira y su estrella principal Vega, ella siempre está para echarme una mano y volver a abrir los ojos. No se trata de una estrella cualquiera…

¿Y qué tiene de especial?:

  • Es la quinta estrella más brillante del cielo nocturno y la tercera del hemisferio norte celeste tras SirioArturo.  Una de las más estudiadas y fotografiadas.
  • Vega fue la estrella polar alrededor del año 12000 a. C. y volverá a serlo alrededor del año 13727 d. C. cuando la declinación sea de +86°14’.

Vega nos enseña otras dos cosas:

  • No hace falta ser la más brillante… basta con ser tú para que te aprecien y estudien.
  • La vida da muchas vueltas pero todas circulares… así que basta esperar un tiempito para volver a ser la estrella polar de algo o de alguien.

Después de todo… puede que Maite, que así se llama la camarera del llamativo tatuaje en el hombro, no yerre tanto con sus “ÓPTIMOS”, si saboreásemos cada uno como si fuera el último y los guardáramos con cariño y esmero para recurrir a ellos para hacer más llevaderos los tiempos “NO TAN ÓPTIMOS”, tal y como me enseñó el bueno de Efren y sus “Días de Trueno” .

Anuncios
Galería | Esta entrada fue publicada en cine, Esperanza, Música, Personas, Redes Sociales. Guarda el enlace permanente.

3 respuestas a ¡¡¡Óptimo!!!

  1. Victoria dijo:

    Se tú y sigue bailando..

    • Bakio dijo:

      Sí, supongo que el arte del asunto es seguir el “sube-y-baja” sin traicionarse a uno mismo y sin hacerse trampas al solitario… eso sí que es dicicil. Hace tiempo comentamos algo sobre ello en el “mundo de los pequeños“. Muchas gracias por tu comentario, por tu amistad y por estar siempre ahí. :-**

  2. Bakio dijo:

    Aquó os dejo la reproducción, escala 1:1, del email que me envió mi querído Efren en respuesta a la lectura del post en el que él es “coprotagonista” involuntario. Nada más que añadir por mi parte… él se basta y sobra… Muchas gracias Efren.

    ¡Muy buenos días, caballero!:

    Como no quería contestarte de cualquiera manera he esperado a contestarte en la noche de Santiago matamoros (que no se ofendan sarracenos y moriscos del pasado, ni islamistas del presente). Tu post, que he leído varias veces, me pilló en ajetreado turisteo por tierras segovianas y a veces con pobre Internet.

    De momento “no compro” lo de trabajar en la nube que me parece casi tan sobrecogedor como tu dura metáfora del glaciar donde al inicio no vemos lo que nos espera al final (aunque cada vez lo tenemos más presente): “Cuando vemos nuestra vida a largo plazo, como un enorme recorrido desde nuestro nacimiento hasta el día de hoy, podríamos imaginarla como el descenso de un largo glaciar que termina en una enorme morrena por la que salimos con los pies por delante”.

    A mi juicio “la nube” también se asemeja a tu montaña rusa cotidiana de la vida, con sus subidas y bajadas. Y no digamos el Big Data que nos va a llevar del Óptimus al Pésimus más de una vez.

    Tu reflexión sobre que El suicidio no parece que sea una forma recomendable para solucionarlo me recuerda la de mi profesor de Sociología, un gran tipo ya jubilado al que me encontré años más tarde como compañero de pupitre en sendos cursos de inglés y mecanografía: “El suicidio está socialmente proscrito porque SOLO SE MATAN LOS BUENOS” (y algún malo sin escapatoria, porque los malos suelen tener formas de escapatoria que los buenos desconocen).

    Agradezco especialmente que cites los Días de Trueno, porque nos recuerdan lo que fuimos y podemos (Pablo Iglesias siempre presente) volver a ser, que si lo malo retorna, lo ÓPTIMO también.

    Como admirador de Buda, luchador incansable contra el ciclo continuo de vida y muerte, felicidad y sufrimiento, en su día me impactó el libro “El vendedor más grande del mundo” (pese al rechazo que me provocaba el título). Og Mandino exhortaba a usar sensatamente el “ojo-emoción” y el “ojo-racional”

    Que Vega guíe nuestros pasos y esperemos llegar al final de la morrena tras muchos momentos Óptimos, sin necesidad de recurrir a quitarse de en medio.

    Un abrazo y hasta la próxima miguita en el camino.

    Efrén J

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s